jueves, 20 de febrero de 2014

Dos hermanas para la historia (y la iconografía gay y freak)


Criarse en un pueblo de Cádiz de 5.000 habitantes es muy duro para un cinéfilo. El gran momento del año para mí era cuando mi madre me llevaba a Sevilla o Jerez al cine, preferiblemente en Navidades para aprovechar las compras y visitar el ya extinto Pryca en busca de eso que a los pueblerinos nos fascinaba tanto en la era pre-internet: los centros comerciales. La película Disney de ese año era siempre mi evento anual, el momento de pagar la entrada, sentarme en una butaca, atiborrarme a palomitas e intentar entender porqué lo que veía en la gigantesca pantalla blanca me llamaba tanto la atención y me atrapaba hasta que en septiembre (ya lo sabéis, siempre por tiempo limitado) aparecía en VHS (anda que no me he preguntado veces qué hubiera sido de mí si hubiera nacido ahora en la era de 'verlo todo a un click').

Disney marcó mi infancia de niño raro de pueblo adicto al cine. 'La sirenita' fue la primera vez que pisé una sala; 'La bella y la bestia' me llegó a obsesionar', con 'Aladdín' empecé a preocuparme por el hecho de que el protagonista y su pelo despeinado me llamara más la atención que Jasmine, y 'El rey león' ... bueno, el perro de mi familia se llama Simba, el mío Pumba, así que imagino que no es muy complicado comprender el impacto que el Hamlet africano tuvo en aquel niño de 12 años que en noviembre de 1994 decidió que quería hacer cine cuando salió del Cine Cervantes (una sola sala inmensa, aún sigue en pie) de Sevilla.

Ver cine de animación de Disney se ha convertido, con el paso de los años, en un ritual casi nostálgico aunque sería incapaz de recordar el final de 'Tiana y el sapo' o una sola estrofa de 'Enredados'. Era casi un deber y obligación por todos los buenos momentos que me habían dado en el pasado ... Hasta que 'Frozen', en una tarde de gripe, delirios y fiebre, ha llegado a mi vida.

'Frozen' no sólo es una maravillosa y espectacular historia de aventuras, también es un musical extraordinario y una colección de clichés disneyanos hechos pedazos y recompuestos para un público nuevo, mucho más cínico que el de antes pero también deseando que los protagonistas consigan su objetivo ... sólo que esta vez no es casarse sino reforzar la relación entre dos hermanas separadas por un poder destructivo. Mujeres guerreras, personajes que le echan el puteo a la prota porque se quiere casar con un príncipe después de una canción de 2:30 (glorioso ese momento), mucha mala leche, una historia negrísima y cruel oculta pero latente en todo momento debajo de la superficie de cuento de hadas ... y, sobre todo, un espectacular plantel de máscaras donde uno no sabe quién es el bueno y quién es el malo. Y Elsa y Ana convirtiéndose en referentes para toda una nueva generación de maricas, freaks y todos aquellos que se sientan diferentes.

IMPRESCINDIBLE 'Frozen', os dejo con el MOMENTAZO:




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